jueves, 29 de julio de 2010

Noche de los bastones Largos


Un día como hoy, un 29 de Julio pero hace 44 años, se producía un evento tristemente celebre, quizás uno de los mas tristes en la historia de la argentina, la noche de los bastones largos.

             
Durante casi toda una década, desde finales de los 50 hasta el fin de los 60, Argentina brillaba con una universidad pública de las más prestigiosas de America latina, una calidad de científicos y académicos de los cuales no volvería a gozar nunca mas. Este nivel no fue producto del azar sino de una política de estado de apoyo a la educación como realmente se lo merece, el 25% del presupuesto nacional asignado a la educación por el presidente Arturo Illia, la máxima libertad de expresión y de asociación, entre muchas otras.

Corría el año 1966, el país se encontraba en el amanecer de un nuevo golpe de estado en las manos de Juan Carlos Ongania, bajo la excusa de que en las universidades se alojaba el germen de la subversión y con una nueva doctrina de seguridad nacional impulsada por los Estados Unidos se decidó terminar con la autonomía universitaria y comenzar una suerte de purga sobre la educación académica, que tuvo su desenlace mas dramático en la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, una tarde de un dia como hoy hace 44 años…

Esta es la crónica de la destrucción de un proyecto educativo -tardíamente valorado- que nunca volvería a brillar como en aquel entonces. La descripción de los hechos se la dejaremos a uno de los 700 científicos y profesores que debieron abandonar el país, al Profesor Ambrosse Warren en su carta del 3 de agosto de 1966 en el New York Time.

“La policía exigió la evacuación del edificio anunciando que entraría por la fuerza. La gente permaneció inmóvil, entonces, entro la policía. Lo primero que escuche fueron bombas que resultaron ser de gases lacrimógenos. Luego nos ordenaron a los gritos pasar a una de las aulas grandes, donde se nos hizo permanecer de pie con los brazos en alto contra la pared.

Luego, a los alaridos, nos agarraron a uno por uno y nos empujaron a la salida del edificio pero nos hicieron pasar por una doble fila de policías, colocados a una distancia de 3 metros entre si, que nos pegaban con palos o las culatas de sus rifles y nos pateaban rudamente en cualquier parte del cuerpo. Esta humillación fue sufrida por todos nosotros. Esta conducta del gobierno va a retrasar seriamente el desarrollo de la Argentina país, por muchas razones, entre ellas, se encuentra el hecho de que muchos de los mejores profesores se van a ir del país”.

Así de cruda fue la realidad y el profesor no se equivoco al decir que se retrasó seriamente porque muy probablemente aun hoy no llegamos a aquel nivel.

Hoy quizás sea un día para pensar el porque de este avasallamiento de la educación y de por que este sector es tan atacado por los gobiernos dictatoriales o demagógicos. Una respuesta sea que el conocimiento es libertad, es responsabilidad, es ser contestatario ante un sistema que muchas veces muestra sus graves problemas de equidad, es progreso independiente de intereses ajenos, y podría seguirse enumerando así los beneficios para el país que trae formación afianzada y sostenida como realmente se merece. Esto deja entrever que a veces, los beneficios del país no son los mismos que los intereses de los titulares del poder de turno, y quizás a estos no les convenga una sociedad comprometida, libre, contestataria y responsable. Y así parece meritorio terminar con un texto del siglo XIX que ilustra la importancia capital del conocimiento, es el prólogo al contrato social redactado por Mariano Moreno.

Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada uno no conoce lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, ser tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir jamás la tiranía”